La feminización de la pobreza
CONCEPCIÓN COLLADO, TOÑI MARTINEZ, MARINA CERDAN. Representantes
del ÁGORA
El último informe de la COESPE (Coordinadora Estatal para la
Defensa de las Pensiones Públicas) ha vuelto a poner sobre la mesa,
la actualización de un concepto, que se acuñó, en los años 70 y
que sigue vigente 50 años después, y que expresa el hecho de que la
pobreza tiene cara de mujer.
Cuando hablamos de feminización de la
pobreza nos referimos al aumento de las tasas de pobreza,
principalmente, entre las mujeres. Este hecho ya fue denunciado en un
informe de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión
Social en 2018, presentado en el Senado español.
La gravedad del
tema radica en que, no estamos hablando de un problema en un momento
concreto, en una situación de crisis global; sino en un proceso, de
una tendencia, que hace que el número y porcentaje de las mujeres en
los sectores de población pobre aumente progresivamente, y de manera
continuada. Son múltiples los factores que inciden en esta realidad:
La pobreza está avanzando en las llamadas familias mono
parentales, en las que son mayoría las mujeres que están al frente
de ellas.
El riesgo de pobreza sube para las mujeres mayores de 65
años. Las viudas son el sector más vulnerable ante la precariedad
en la vejez. Su pensión está muy por debajo del S M I.
En cuanto
a las pensionistas, según la COESPE , la brecha de género se sitúa
en un 37,35%. Esto supone que, de media, las mujeres perciban
pensiones con 6000 euros anuales menos que sus compañeros.
La tasa
de actividad en las mujeres es un 22% inferior a los hombres. Las
tasas de desempleo, son mayores en la población femenina.
Las
mujeres tienen también más dificultad para acceder a las ayudas por
desempleo, ya que sus trabajos son más precarios y estacionales.
Esta mayor exposición de las mujeres a la pobreza arranca de cómo
está estructurada la organización de nuestra sociedad.
Para poder
revertir esta situación de desigualdad es necesaria la concurrencia
de las administraciones locales, autonómicas y estatales con Planes
ambiciosos de actuación, que ayuden a que las mujeres puedan escapar
de este círculo de pobreza en el que están atrapadas, sin acceso a
los servicios y recursos que reviertan su situación.
Las actuales
condiciones del mercado de trabajo, tampoco son las más idóneas
para las mujeres. Sus trabajos son más parciales y con salarios más
bajos. Es necesario que desde los sectores empresariales y
sindicales acometan políticas de igualdad, como objetivo
prioritario.
El reparto equitativo del trabajo asalariado y del
trabajo de los cuidados , sueldos dignos y una renta básica para la
ciudadanía, ha de impregnar los anhelos de la vida pública y
privada. Mujeres y hombres tenemos por delante la tarea de construir
una sociedad más justa e igualitaria, donde el bienestar de unos no
se base en la miseria de otros, y en este caso, de las mujeres.