Vamos de boda
Por: Mari Carmen Rico Navarro Cronista oficial de la Vila de
Petrer
En esta ocasión dedicaremos este espacio a conocer cómo se
celebraban las bodas allá por los años 30 del pasado siglo. Las
parejas se solían casar sobre los 24 ó 25 años, tanto las mujeres
como los hombres. Por lo que se refiere a la vestimenta de las novias
lo habitual era casarse de blanco con velo; otras iban con traje
negro, un velo blanco y una corona de azahar por la frente. Aunque un
buen número también se casaba de negro, ya que el luto impuesto por
la muerte de un familiar aunque fuera lejano imponía el traje negro
para casarse.
También había algunos padres que les parecía que sus
hijas se casasen todas de blanco podía llamar mucho la atención,
entonces se vestían de negro y se ponían un velo blanco. Las bodas
siempre han sido motivo de reunión y de alegría.
El refresco o
banquete se solía hacer en las casas a base de chocolate y pastas,
aunque las fiestas que acompañaban al matrimonio no ofrecían una
especialidad digna de nota. Existía la costumbre de la cencerrada,
cuando los contrayentes -o al menos uno de ellos- eran viudos. Estos
últimos, al igual que las embarazadas y las parejas mayores, se
casaban en la primera misa que se celebraba, a las 6 de la mañana,
de este modo, debido a la pereza ajena, pasaban más inadvertidos.
Durante la Guerra no se celebraron los sacramentos en la iglesia así
que no hubo ni bautismos, ni comuniones, ni bodas. Las bodas se
hacían por lo civil. En las organizaciones sindicales el secretario
de las mismas tenía facultad, por orden del ministerio de justicia,
para celebrar matrimonios.
Cuando terminó la guerra todos los
matrimonios que se habían realizado en la zona republicana durante
la contienda fueron invalidados y la gente se vio obligada a casarse
de nuevo. Las madres, desde que sus hijas eran pequeñas, iban
guardando y recogiendo ropa -sábanas, mantelerías, etc.- para el
ajuar. Las chicas aprendían a coser y bordar para arreglarse su
ajuar, marcándose con sus iniciales todos los elementos que lo
conformaban.
La mayoría de las parejas, una vez casadas, se quedaban
a vivir en la casa de los padres de la novia, aunque, en algunas
ocasiones, también iban a la de los padres del novio. Se arreglaban
una habitación y vivían allí. Si en la casa paterna no había
espacio suficiente para poder quedarse alquilaban una vivienda
pequeña o mitjanet que casi siempre estaba compuesta por una
cocina-comedor, un dormitorio, una galería y un aseo.
De una casa
vieja se hacían cuatro o cinco mitjanets. Eran muy pocos los que
podían construirse una vivienda en la que vivir después de haberse
casado. Los padrinos de la ceremonia solían ser los mismos que
habían actuado de padrinos en el bautizo. De viaje de novios los más
pudientes iban a Valencia o Alicante. Otros aprovechaban este viaje
para visitar a familiares que tenían en los pueblos de alrededor.
Era muy frecuente que a los primeros hijos del matrimonio se les
pusiera el nombre de los abuelos.