La señorita Consuelo
Por: Mari Carmen Rico Navarro Cronista oficial de la Vila de
Petrer
El viernes 17 de enero del año 2003, hace ahora 18 años, nos
sorprendía la triste noticia de la muerte de Consuelo Bellot Reig,
conocida y querida por todos como “la señorita Consuelo”, “la
señorita” o sencillamente “la seño”. Consuelo nació en
Petrer el año 1922 y, a los veintiocho años, sintió la vocación
religiosa y en 1950 entró en las Carmelitas de Orihuela, donde
ingresó en la orden tras seis años de preparación y un azaroso
peregrinar por Valencia, Portugal, Badajoz y Orihuela.
Poco tiempo
después tuvo su primer y único contacto con la educación
preescolar, y estuvo al frente de una clase de párvulos en Murcia.
Abandonó la orden y marchó a Valencia, donde estuvo al servicio de
una familia, cuidando a sus hijas. Allí comenzaron a llamarla “la
señorita”, nombre que adoptó poco tiempo después al abrir la
escuela en Petrer. En 1959 regresó a Petrer y un año más tarde, en
su casa de la calle La Huerta n.º 38 comenzó su actividad escolar
cuidando niños y niñas de corta edad, por los que cobraba 5 ptas.
semanales.
La señorita ejerció su labor docente entre 1960 y 1982 y
tuvo a niños y niñas entre 0 y 8 años, peculiaridad no encontrada
en las guarderías o colegios de la época, ya que lo habitual era
tener alumnado hasta los 6 años o partir de dicha edad. Durante la
década de los años 60 tuve la suerte de que mis padres decidieran
llevarme a su escuela. En su casa empezamos muchos niños y niñas de
Petrer como párvulos y conforme fuimos creciendo de su mano y
experiencia aprendimos a leer, escribir, contar y algunas cosas más
que “la seño”, junto a su madre, Mercedes, a la que llamábamos
cariñosamente “la abuelita”, nos enseñaban.
Los niños y niñas
que íbamos a aquella clase, ubicada como hemos dicho en su propio
domicilio, y presidida por una imagen de la Virgen, aprendimos lo que
Consuelo nos transmitió en unos años que los expertos consideran
fundamentales en el aprendizaje tanto intelectual como personal. Su
energía, su vitalidad, su alegría y su buen hacer como educadora
hizo que, al terminar nuestra estancia en su escuela, que coincidía
con la Primera Comunión, y tener que dirigirnos a otros centros
educativos, para continuar nuestros estudios, estuviéramos
preparados para enfrentarnos a los nuevos retos de aprendizaje que
nos aguardaban.
En su escuela realizó tres turnos de primera
comunión. Todos los que fuimos sus alumnos y alumnas recordamos las
canciones que entonábamos dirigidas siempre por su peculiar voz.
Canciones, principalmente religiosas, como “Jesusito de mi vida”,
“Con flores a María” y “Estrella de los mares”, entre otras
piezas musicales, siendo ésta última la que cantábamos con más
ímpetu pues coincidía con nuestra salida del colegio.
También
solíamos llevar flores a la imagen que presidía nuestra clase
durante el mes de mayo, en el que celebramos la festividad de María.
El recreo también era muy especial, pues “la seño” nos llevaba
unos días a la rambla, a la que accedíamos por la parte trasera de
su casa y, otros, a la célebre “montañita”. Todos con nuestra
merienda nos sentíamos realmente felices los días que íbamos a ese
pequeño cerro, situado donde actualmente está el campo de fútbol,
que nos parecía, debido a lo pequeños que éramos, una gran
montaña.
La señorita acabó su etapa docente en los primeros años
de la década de los años 80 en la calle País Valencià, junto a
Esperanza Navarro, en un local que atendían a niños de corta edad.
Los recuerdos y las imágenes que tenemos de nuestra primera escuela
al frente de la cual estuvo nuestra señorita, la señorita Consuelo,
los que pasamos por ella nunca los podremos olvidar. Los niños y
niñas, hoy hombres y mujeres, que fuimos sus alumnos y alumnas que
iniciamos con ella nuestra etapa escolar siempre la recordaremos como
una buena maestra, pero aún más como una excelente persona que supo
guiarnos en nuestros primeros pasos y siempre sintió por los que
fuimos sus alumnos un cariño especial.
RECORDS:
Mantinc sempre viu el record de l’escola de cagons de
la senyoreta Consuelo, on vaig aprendre allò de “mi mamá me mima,
yo mimo a mi mamá”. L’entrada a l’escoleta en fila,
educadament, donant el bon dia a “la abuelita” mare de la
senyoreta Consuelo que amablement ens donava el pas a la classe. Les
excursions a la muntanyeta junt a la bassa el Moro.
El primer
contacte amb la mort: Marcelo Maestre Martínez (20-XII-1961) tenia 4
anys, fill de Joaquim el Boix i de Balbina; era el meu amiguet de
l’escoleta, era manquet. Jo sentia dir als majors que aquell xiquet
havia vingut al món a patir; feia poc que començava a caminar,
encara un xiquet de bolquers, quan un accident amb una màquina de
pastar pa al forn dels seus pares, li havia deixat sense braç.
I ara
tan sols tenia quatre anys i ja era mort. Tots els xiquets i xiquetes
de l’escoleta de la senyoreta Consuelo vam passar pel vetlatori;
una volta al taüt blanc on era Marcelo sense el seu bracet; ho
recordaré sempre, va ser el meu primer contacte amb la mort.
Vicent
Navarro Tomàs