A ti mujer del ayer
mi fiel e incólume dama
prisionera de mi sueño
y estricta rosa del alba,
recúbreme de tu afecto
y cicatriza mi llaga
y sé hechicera y madrina
en esta noche estrellada.
Humedeces los sentidos
tú, fuente sencilla y clara
que el árido ser empapas
¡aclárame el yo sin ti
y las dudas que me asaltan!
Sin apenas equipaje
el dolor mi cabeza ata
y ligera está la espera
sobre el amor que realza.
La soledad, gran amiga
que mi tranquilidad guarda
es remanso de mi esencia,
vagando va y en desierto anda
y deambulando y grita
por tranquilizar el alma.
A ti que llenas mi ser
mujer compañera grata,
que buscas el corazón
para hallar así la casta
y sentirte distinguida
y poder amar sin falta.
Amplio nace el sentimiento
que puede encajar la calma,
con roja ristra de flores,
pétalos de olor en rama.
Esencia de gran mujer,
como manantial que mana,
embébeme con tu aliento
y destápame la cama.
A ti mi amada locura,
dama que sin ti soy carga,
lléname de amor profundo
y libera mi bravata
que está tan hendida y mustia
que mi corazón abrasa.
Ramón Rodríguez Navarro







