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martes, 23, abril, 2024
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Dolores Marcos. El diario de una exiliada   

Vicente Poveda López                  

Vamos a mostrar una reseña biográfica de una mujer, a través de unos fragmentos de un diario o de una memoria, con su testimonio, exiliada en el norte de África. Y es que cada persona resulta improbable de circundar en unas pocas líneas, por eso es una «reseña». Su nombre en un listado administrativo de los funcionarios coloniales franceses, no facilita datos relevantes de su vida. Pues, citamos a Dolores Marcos Martínez, conocida por Lolita, nacida en Petrer, el 29 de marzo de 1920. Trabajadora en la sección de aparadora de la fábrica de Calzado LUVI, S. A., secretaria y afiliada al Sindicato de la Piel de la CNT. Ocupó la secretaría de las Juventudes Libertarias,  colaborando en la biblioteca de esta organización. Durante la Guerra Civil, estuvo en la fábrica de «El Molinet», produciendo ropa de abrigo para el Ejército Popular.

El avance del Bando Nacional, obligó al Gobierno de la II Republica a trasladar su sede  a un lugar estratégico y bien comunicado, adyacente y paralelo a la carretera que une Alicante con Madrid, y no alejado del trazado de la vía ferroviaria. La finca El Poblet en Petrer, en la partida de les Pedreres Baixes, con una superficie de 30 hectáreas, pasaba inadvertido por su masa forestal y bancales de olivar, allí estuvo la residencia oficial, denominada Posición Yuste. Fue el último enclave del Gobierno presidido por el doctor Juan Negrín López con varios de sus ministros y mandos militares. Albergó los dos últimos Consejos de Ministros celebrados, tratando de reorganizar la resistencia,  también por el pronunciamiento “casadista” en Madrid por el coronel Segismundo Casado López, precipitando la salida de El Poblet. El exilio del Gobierno fue ratificado en la Posición Dakar, en Villa Lolita (Av. Mediterráneo, Petrer), con representantes del PCE. (05.03.1939). Desde el pequeño aeródromo de la pedanía monovera de “El Manyar”, a primeras horas de la tarde del día 06 de marzo, con un modelo Havilland Dragón Rapipe, y al amanecer del 07, con un bimotor Douglas de la LAPE (Líneas Aéreas Postales Españolas), partieron con destino a Orán: el poeta Rafael Alberti Merello; su mujer, la escritora María Teresa León Goyri; Dolores Ibárruri Gómez “La Pasionaria”, su secretaria Irene Falcón; el general Enrique Lister Forjan; Juan Negrín, entre otros colaboradores. Según un artículo de la revista “Festa”:-…Dolores Marcos, habían conseguido, a través de su organización, un pasaporte expedido por el Gobierno Civil de Alicante con fecha 10 de marzo de 1939 que les autorizaba a abandonar el país…-.   (Navarro Poveda, Boni, 2014:33)  

El Gobierno en el exilio contrató cargueros ingleses y franceses. Un buque carbonero,   estuvo fondeado en el muelle alicantino. Se trataba del carguero ingles SS. Stanbrook, fletado por la Federación Provincial Socialista. Rodolfo Llopis, contacto en Paris (09.02.1939), con el director de la sociedad española CAMPSA-Gentibus, José Calviño Ozores, prometiéndole el envió de dos barcos: el Stanbrook y el Margit. Según un historiador, en la prensa provincial:El capitán del Stanbrook, el galés Archibald Dickson, en su impresionante informe al periódico The Sunday Dispatch, al filo de los hechos, cuenta que el Stanbrook, con bandera inglesa, dejó Marsella el 17 de marzo y llegó a Alicante el día 19, tras burlar el bloqueo naval. Era un carguero pequeño de 1.383 toneladas, construido en 1909, perteneciente a partir de 1936 a la Stanhope S.S. Co…-.    (Martínez Leal, Juan-INFORMACION: 28.03.2019

La lista “nominal” de pasajeros del Stanbrook relaciona a 2638 personas, hubo varios petrerenses, entre ellos, Dolores Marcos, pasajera nº 2161, jornalera. Iba acompañada por Adrián Torregrosa Guill, pasajero nº 1955, de 23 años, profesión comerciante. Adrián, era militante de la Federación Anarquista Ibérica (FAI). Partieron del puerto de Alicante (28.03.1939), para ambos empezaba un largo exilio. Dolores escribió:-prensados, empujados, ayudados a veces, cuando llegó nuestro turno, subimos a la pasarela a las 10 de la noche. La gente seguía agolpándose y subiendo. La escalerilla fue retirada a las 23 horas y todavía el capitán ordenó que se la volviera a bajar para recoger a una docena de jóvenes andaluces que llegaron corriendo por  el muelle. Soltaron las amarras, nos alejamos del muelle (…) de España-. 

Llegaron al astillero de Orán,  al atardecer del 29 de marzo de 1939, coincidiendo que la joven Dolores cumplió 19 años. Las autoridades francesas permitieron desembarcar a las mujeres, niños, heridos o enfermos. Algunas mujeres, como Dolores, se resistieron a separarse de sus parejas, por lo que siguieron varias semanas a bordo. Internada en la antigua prisión civil de Orán, conocida por “Campo nº 1”, luego llegó Adrián, después de su estancia en el “Campo nº 2” en la avenida de Túnez. En la Prisión Civil estuvieron siete meses hasta que los reclamaron un aparente pariente. Los internados se movían con normalidad, pero para salir a la calle debía ser autorizado. Como norma, entre los recluidos, organizaban clases de francés, de matemáticas, de gramática, con lecturas de El Quijote, impartido por el profesor Mena. 

En noviembre de 1939 salen del internado. Dolores y Adrián subsistieron casi en la clandestinidad. Procuraban no dejarse ver por miradas indiscretas, trabajaron de conserjes en inmuebles. En enero de 1946, emigran a Casablanca (Marruecos), Adrián trabajó de zapatero, su profesión, más tarde,  en una fábrica de cerillas. Nació su hijo, Helios. Después de la muerte de Franco (1976), regresaron a Petrer. Volvieron a pisar su tierra natal, después de casi 40 años de la terrible experiencia del exilio. El diario o memoria refleja la diversidad social de los refugiados, lo que les unió, una identidad colectiva por su vinculación con el proyecto republicano. Dolores en sus apuntes pregunta:-¿Por qué nadie habló de nosotros? Hemos sido los olvidados-. No obstante, el escrito desvela esperanza y fe, con tintes emocionados en su redacción:    -…en la vieja prisión, en una estrecha y larga celda (no estábamos encerrados en celdas), sentados en colchonetas, tuvimos nuestra primera lectura de El Quijote, un libro que no conocíamos, y que iluminó nuestras vidas durante varias semanas. Esperábamos con impaciencia la llegada de nuestro profesor que también nos dio a conocer a Calderón de la Barca y a otros autores. Nunca nadie se pudo imaginar que tan hidalgo caballero pudiera hacer tanto (como siempre fue su deseo) por personas necesitadas de su caballerosidad, de su generosidad, de sus fantasías, para conservar las esperanzas y la fe en el ser humano… ¡Cuánta alegría para nuestro filósofo y querido Sancho si hubiera podido dar la buena nueva a su señor… del inmenso bien que aportó a compatriotas suyos en el exilio siglos después! Para todos nosotros aquellas lecturas y comentarios de El Quijote fueron como un rayo de sol en nuestra triste odisea. Habíamos perdido la guerra, éramos apátridas, nadie nos quería, lejos de España, de nuestros hogares, de nuestras familias, de nuestros pueblos, en un mundo extraño y desconocido en muchos aspectos (…) El Quijote vino a trazar un punto de unión entre España y nosotros, aliviando nuestros sentimientos de exiliados-.

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