Por: Iván Villora
No nos honra, Señora, su presencia;
quien más, quien menos, antes ya era honrado.
Al revés que su suegro y su cuñado,
profesionales de la delincuencia.
¿Dónde van a fijar su residencia
el ladrón “campechano”, “el empalmado”?
y ¿dónde su esposo, “el preparado”
piensa guardar la delictiva herencia?
Se marchará, señora, como vino,
rodeada de extraños, triste y sola,
sin saber dónde va y por qué camino.
Se llevará un castillo de escayola,
un reconocimiento en pergamino
y detrás, la república española.







