Por: LAURA VEGA
Una gata de marfil
iluminaba la sala.
Un zorzal en la cornisa,
en el cristal se reflejaba.
La verja y sus filigranas,
los mármoles del portal,
la hiedra, sedienta del muro,
cómplices, lo vieron llegar.
Con un cielo de Van Gogh
entre penumbras de Goya,
flotando en copos de nieve
se filtró cual nebulosa.
Cubierta por edredones
ella dormía y soñaba
que, sutil, con terciopelos,
la sombra la acariciaba.







