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martes, 15, septiembre, 2026
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Adán Rubio Pérez

Bailarín y profesor de Danza Clásica

Adán Rubio Pérez es un petrerense que descubrió la danza clásica a los 16 años. En la actualidad, compagina sus estudios de Grado en Pedagogía de Danza Clásica en el Conservatorio Superior de Danza “Nacho Duato” de Valencia con su trabajo como profesor de danza clásica en el Club Nacional de Gimnasia Rítmica Atzar Valencia

Adán, ¿desde niño has querido dedicarte a la danza?

Qué va, ni mucho menos, siempre he querido ser profesor de Historia. Es cierto que me gustaba el mundo del espectáculo, pero, en la vida, me había planteado dedicarme, profesionalmente, a bailar. Es más, nunca había bailado. Lo cierto es que empecé mayor, a los 16 años.

Entonces, ¿cómo fue empezar?

Mis primas, Eva y María Rosa, tienen una Escuela de Danza, en la vecina localidad de Elda, y un día decidí ir a probar eso de la danza clásica y hasta hoy. Allí empecé a formarme y al año ya me matriculé en el Conservatorio Profesional de Danza “José Espadero” de Alicante y cursé seis años, obteniendo el Grado Profesional en danza clásica.

De Alicante a Valencia, ¿no?

Sí, en la actualidad, estoy cursando el Grado en Pedagogía de Danza Clásica en el Conservatorio Superior de Danza “Nacho Duato” de Valencia.

Cuando concluyas, ¿cómo vas a enfocar tu vida profesional?

A día de hoy, compagino los estudios con el trabajo. En concreto, como docente de danza clásica en el Club Nacional de Gimnasia Rítmica Atzar Valencia de la Federación Valenciana de Deportes. Entré a formar parte de la plantilla docente de esa entidad el año pasado, tras haber aprobado unas oposiciones convocadas por el Ministerio de Cultura y Deportes.

Así que, además de estudiar, imparto clases a las gimnastas de ese centro de Alto Rendimiento.

¿Cómo es trabajar en un centro de alto rendimiento?

En el caso de la Gimnasia Rítmica, realmente, es apasionante, estoy muy contento, aunque es cierto que, sobre todo para las gimnastas, es muy duro. Es un trabajo diario y el esfuerzo es constante.

¿No te gustaría formar parte de una compañía de danza?

No. Desde el momento en que decidí iniciar mi formación en danza clásica, tuve claro que iba a encaminarla hacia la docencia. Como bailarín, siempre he bailado como alumno y no recuerdo haberme planteado la posibilidad de formar parte de una compañía.

De momento, a no ser que cambie de parecer, mi idea es seguir allí como profesor porque es un trabajo estable, que me gusta porque, como he comentado, siempre he querido dedicarme a la docencia, y, además, me aporta tranquilidad.

¿Recuerdas cuál fue el primer escenario que pisaste con zapatillas de danza?

Claro, eso no se olvida. El primer escenario que pisé para bailar con público fue el del Teatro Castelar de Elda. Ante 700 personas, puse en escena un baile de jazz y cuando puse un pie en las tablas pensé, “¡Dios mío, esto qué es!”. Recuerdo que fue emocionante.

Vamos que flipé, claro. (risas).

De todo el repertorio de danza clásica, ¿qué obra es tu preferida?

Sin dudarlo, “El lago de los cisnes” de Chaikovski. Podría decirse que es mi obra fetiche, fue la primera que escuché, que vi ponerla en escena, la considero la “madre” de todas las obras de danza clásica y, además, es la más representativa de la danza clásica.

¿En qué teatro te gustaría poner en escena una obra de danza clásica?

En muchos. Por ejemplo, en el Teatro Real de Madrid, en el Mijáilovski de San Petersburgo, en el Bolshói de Moscú o en el Royal Opera House de Londres. En definitiva, en todos los grandes teatros del mundo.

¿Una actuación que recuerdes con cariño?

Fue en el Gran Teatro de Elche. Junto a mi compañera Beatriz Company bailamos un paso a dos, tártaro. Fue muy bonito porque al concluir la actuación tuvimos varias levantadas de telón, fue especial.

Aunque tu especialidad es la danza clásica, ¿bailas otros estilos?

Sí, varios. Entre ellos, baile moderno, también contemporáneo y algo de danza española, pero poco. Pero mi formación, tanto en el Conservatorio de Danza de Alicante como, en estos momentos, en el de Valencia, siempre ha estado enfocada a la danza clásica.

¿Qué te ha aportado la danza?

Me aporta tranquilidad, paz, felicidad. En definitiva, me hace sentirme bien y espero dedicarme toda mi vida.

Por último, vamos a hablar de solidaridad, eres el director y coordinador de la Gala Autonómica de Danza contra el cáncer, ¿por qué decidiste poner en marcha esta iniciativa?

Varios familiares míos, entre ellos mi madre, han padecido un cáncer. Un día pensé que podía aportar mi granito de arena en la lucha contra esa enfermedad a través de una de mis pasiones la danza. Acabamos de celebrar la séptima edición, en el Teatro Cervantes, y ha vuelto a ser un éxito.

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