Por: ANTONIO ESPINOSA MARTÍNEZ
Son las 00’10 horas de la noche del 14 al 15 de Abril de 1912, cuando el trasatlántico Titanic comienza a lanzar señales pidiendo ayuda. Treinta minutos antes había colisionado con un iceberg. En el hundimiento perecieron unas 1.500 personas.
Señal es algo que distingue, sean marcas, signos, códigos, sonidos… Hay señales que avisan de algo, como las del Titanic, el Morse, radar, los sistemas reguladores del tráfico o detección metereológica, el clásico termómetro de toda la vida… Infinidad de señales para todo. Citemos algunas curiosas: La señal Wow!. El científico de un observatorio americano detectó en 1977 una señal del espacio inusualmente fuerte. Rapídamente emocionado escribió de inmediato en un papel la exclamación “Wow!” (¡ostras! ¡madre mía!). Lamentáblemente esa señal ya no se ha vuelto a producir. Situémonos en el Proyecto SETI, iniciales de texto inglés que significa “Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre”, donde grandes antenas de radiotelescopios rastrean continuamente el cielo en busca y envío de señales a probables destinos de la galaxia. Desplacémonos ahora a Arecibo, en Puerto Rico, donde en 1974 los astrofísicos de su radiotelescopio enviaron señales en forma de mensaje codificado en una serie de números binarios resumiendo las características de la Tierra, a un cúmulo estelar al que llegará dentro de 25.000 años.
En otro lugar me refería a la abundante y acertada ubicación de bancos para sentarse, situados por toda la población. Pues bien, otro tanto sucede con las señales de tráfico. Ignoro si se trata de protocolos a cumplir pero es de agradecer la total señalización allí donde hace su papel de aviso. Es de justicia agradecer a los servicios municipales que se ocupan de estas cuestiones su encomiable labor, que contribuye a hacer más agradable y segura la convivencia ciudadana. Están en todos los detalles. Gracias.
No obstante, la vida que no consiste solo en bienestar, aunque también, reclama interactuar en armonía con uno mismo y con los demás practicando la fraternidad con sanas actitudes de educación, respeto y solidaridad. En esto se perciben señales de alerta y preocupación, porque ya no se trata de cosas sino de personas. El turco Solimán Salom en su poema “A contraluz” se pregunta y nos pregunta: “¿Quién me hace señales? ¿Será un espejismo?”. Detengámonos en algunas señales de este tipo que dan que pensar. Una de ellas, el Covid19 ha puesto patas arriba algunas seguridades que parecían normales, destapando el estado de precariedad de la condición humana. Lo hemos visto en la pandemia y lo refleja muy bien Josep Mª Esquirol cuando afirma que “cada uno de nosotros es una sutura que pide atención por parte de los demás”. Luigino Bruni, en su libro El precio de la gratuidad, aboga por una cultura de la gratuidad, que no es altruismo, filantropía o asistencialismo sino cuestión de reciprocidad y aceptar que no podemos ser felices en solitario porque nos necesitamos unos a otros. Atentos también a las señales de la modernidad. que no es oro todo lo que reluce. Lo advierte Ferdinand Toennies: “La modernización actúa sobre la sociedad como un ácido, erosionando la comunidad humana”. Peter Berger llama la atención hacia una señal de este tiempo que parece estuviera dirigida principalmente a las instituciones, agentes sociales y políticos: “Ver la sociedad con los ojos de aquellos que viven al margen (personas marginadas socialmente, añado yo) puede ayudarnos a comprender más claramente la manera en que funciona el mundo” Y, por lo tanto, a actuar consecuentemente, añado, de nuevo.
La Tierra, como es evidente, también va dando sus señales. “La Carta de la Tierra, 2000” lo recoge así: “Estamos en un momento crítico de la historia de la Tierra, en el cual la humanidad debe elegir su futuro. A medida que el mundo se vuelve cada vez más interdependiente y frágil depara grandes riesgos y grandes promesas. En medio de la magnífica diversidad de culturas y formas de vida, somos una sola familia humana con un destino común. Debemos unirnos para crear una sociedad global sostenible fundada en el respeto hacia la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia y la paz…”
A pesar de todas estas y otras muchas señales algunas no muy satisfactorias, que lógicamente nos preocupan, soy optimista y me sitúo con Rachel Carson con “Aquellos que contemplan la belleza de la Tierra y encuentran reservas de fuerza que perdurarán mientras dure la vida”. Conclusión: estamos rodeados de señales por todas las calles y plazas de Petrer, y del mundo.







