Vamos haciendo camino
Un año más vamos a celebrar las Fiestas de la Virgen del
Remedio. Y cada cual le dará un sentido a estas fiestas, para unos
será la posibilidad de un “puente” y salir de viaje, otros
reunirse en familia y comer todos juntos, asistir y participar en los
actos que se organicen con este motivo, según sus creencias
religiosas.
Desde este aspecto, porque soy creyente, quiero compartir
mi reflexión. Se organizan actos religiosos para honrar y venerar a
nuestra Patrona, que con el paso de los años se van modificando
según el sentir de los tiempos y en esta cuestión es donde veo que
se han hecho cambios positivos, pero mejorables a poco que nos lo
propongamos; ha crecido el número de personas que de manera directa
participan en las tareas organizativas de los actos religiosos, la
participación de la comunidad es más amplia, se preparan las
eucaristías de las novena, por todos los grupos de la parroquia.
Los ciudadanos y las organizaciones que lo deseen participan en la
ofrenda floral a la Virgen., que desde hace años, gracias a la
propuesta de una persona, se cambió de flores que se marchitan en un
día, por alimentos muy necesarios para cubrir la demanda de Cáritas.
Propongo que este cambio se intensifique y se convierta en
alimentos o donativos, pues María como buena madre no quiere ver
sufrir a ninguno de sus hijos, por carecer de lo más necesario.
Pensando sobre este aspecto me planteaba la necesidad que tenemos
los cristianos de mostrar nuestra cara más auténtica y
misericordiosa, si nuestra fe queremos hacerla creíble. Sugiero que
al interior de la parroquia meditemos y profundicemos en cómo fue la
persona de María en su vida histórica y terrenal. Cómo tendría
que ser la madre que hoy necesitamos, a la que acudimos a pedir
remedio para nuestras necesidades.
Potenciamos la imagen de mujer
sencilla, trabajadora, servicial y valiente al aceptar ser la madre
de Jesús y la nuestra, no desvirtuemos esta realidad evangélica. La
iglesia y todos sus componentes tendremos futuro y seremos creíbles,
cuando mostremos la verdadera cara del evangelio: sencillez,
cercanía, servicio, compromiso con los más débiles.
Desprendámonos de todas las cosas y aspiraciones que nos dificultan
y nos impiden vivir estos valores.







