Dos varas de medir
Queda ya lejano el tiempo en que pedir la vicepresidencia del
gobierno o algunos y muy determinados ministerios eran ansias de
poder y, peor aún, buscar sillones. Unos meses después la cantinela
se convierte en: “ dejadme gobernar” “ yo solo quiero gobernar”
y no parece que se busquen sillones.
Si acaso, se hace por el bien
de España. Lo que es bueno para Juan no es bueno para Pedro, que en
nuestro caso sería lo que es bueno para Mariano no es bueno para
Pablo. Quienes ofrecían o apenas insinuaban pactos con los partidos
independentistas eran poco menos que traidores.
Hoy son grandes
estadistas que “hablan con todos” y parece que su gran promesa de
negociar solamente con partidos constitucionalistas ha perdido vigor.
A no ser que, como decimos los críticos, los grandes partidos nunca
hayan sido constitucionalistas del todo.
Derechos constitucionales
como la vivienda, la sanidad, la educación, el trabajo, las
pensiones o los salarios dignos figuran en lugar destacado de la
Constitución, pero su defensa nunca ha gozado del mismo énfasis que
la que ha tenido la unidad de la patria, la familia real o los
privilegios de sus señorías, repetidamente aforados, indultados,
pluriempleados y ampliamente sobornados.
Ni una noticia breve, ni
una esquela;
Hoy pregunto cuales son las razones
que, pasadas las
segundas elecciones,
nadie nos habla ya de Venezuela.
Radios, diarios
y televisiones
no estudiaron la ética en su escuela.
Y hay que
reconocer, aunque nos duela,
que su moral la marcan los millones
Y
ahora nos dicen que los catalanes
ya no pretenden dividir España
y
con el de Madrid se llevan bien.
Esta banda de chulos y chalanes
cuando huele el poder, pronto se apaña
y su tarifa está en el tres
por cien.







