La alfarería tradicional en Petrer
El pasado 19 de julio fue Santa Justa y Rufina, hermanas
procedentes de una modesta familia de alfareros de Híspalis, acual
Sevilla, que sufrieron martirio en el año 287 d. C. Debido a su
origen fueron nombradas patronas de Sevilla y del gremio de
alfareros.
En honor a esta festividad, el Museo ha creído
conveniente dedicar esta sección a la artesanía alfarera de Petrer
que tuvo una presencia relevante en la localidad desde el siglo XVII
hasta mediados del siglo XX, cuando poco a poco fueron cerrando las
alfarerías por diversos motivos. Como se recoge en el estudio más
importante realizado sobre la alfarería contemporánea de Petrer
escrito por la archivera municipal, M.ª Carmen Rico Navarro, la
primera noticia referida a la actividad alfarera de Petrer se halla
en el Llibre de giradora de 1655, donde se habla de un “solar de
casa on se fa la teula“.
Poco después, en 1667, el Conde de Elda
otorgó a Batiste Bedos permiso para abrir una alfarería. Ya en el
siglo XVIII, encontramos documentos que citan “la calle que sube a
les cantarerías“, constatando la existencia ya en ese momento de
un barrio alfarero en la villa (Rico, 1996). El paulatino desarrollo
de la alfarería en Petrer llevó a que se intensificara la relación
con la vecina población de Agost, desde la cual, durante el siglo
XIX, se fueron instalando diversos alfareros en nuestra localidad,
entre los que destacan Vicente Brotons.
Durante todo este siglo la
actividad alfarera de Petrer fue creciendo, documentándose en 1870
cuatro hornos de cacharrería y un horno de tejas, destacando durante
este periodo las familias alfareras de Román, Beltrán y Payá. En
la primera mitad del siglo XX se constituyó la Unión Alfarera, S.A.
formada por cuatro alfarerías de Petrer; años más tarde, durante
la Guerra Civil, se produjo una crisis en la producción alfarera
superada paulatinamente tras la finalización del conflicto.
En la
segunda mitad del siglo la industria zapatera comenzó a tener gran
fuerza en detrimento de la alfarería que se vió afectada por la
proliferación del plástico como elemento imprescindible en la vida
cotidiana, lo cual, unido a la aparición del frigorífico y la
instalación de agua corriente en la mayoría de los hogares, relegó
los recipientes cerámicos a un uso exclusivamente decorativo;
haciendo prácticamente desaparecer la tradición producción
alfarera de nuestra localidad. La última alfarería, la de Miguel
Román Aracil, cerró en 1970.
PARA SABER MÁS:
Esta información se encuentra en el libro de Mari
Carmen Rico Navarro Del barro al cacharro. La artesanía alfarera de
Petrer, editado por el Ayuntamiento de Petrer, Caixa Petrer y la
Universidad de Alicante en 1996.







