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lunes, 17, enero, 2022

Acueducto de San Rafael

Acueducto de San Rafael

Los últimos episodios de fuertes lluvias registrados estos días pasados nos traen a la memoria la intervención que se realizó en 2014 sobre el acueducto de San Rafael para consolidar el monumento ante las potentes precipitaciones que lo descalzaron.

El acueducto forma parte de una importante obra de ingeniería hidráulica del periodo moderno y contemporáneo. Su construcción canalizaba el agua del manantial de Santa Bárbara hasta los bancales y la villa de Elda. Para salvar el importante desnivel de la rambla Puça, de aproximadamente treinta metros de amplitud y ocho metros de altura, se construyó el acueducto. En origen, éste tendría ocho arcos que unirían los dos extremos de la rambla y para su fabricación se utilizó la técnica de la sillería y la mampostería.

La arcada servía para sustentar la canalización de piedra, con sección en forma de “U”, por donde discurría el agua del manantial. Diferentes investigaciones en las últimas décadas apuntaban a un origen comprendido entre el siglo XIV y el siglo XVII, ya que se fue reconstruyendo, teniendo en cuenta su técnica constructiva de arcos ojivales o apuntados. Los estudios de Sabina Asins demuestran una construcción en el año 1583 para abastecer a la cada vez mayor población de la villa de Elda.

La obra fue realizada por Guillem Pasqual de Jaca, fuster e mestre de fer molins. Además, hay documentos que han aportado otros datos sobre las modificaciones que experimentó la construcción para repararla o consolidarla. Así, se sabe que entre 1616 y 1622 se realizaron unas labores de canalización cuyo coste ascendió a 2.429 libras y que ocuparon prácticamente la totalidad del trazado. Más tarde, en 1663, hubo que reconstruir parte de la conducción hídrica y ello supuso un coste de 1.600 libras.

En la centuria posterior, ya en 1783, se produjo la última de las modificaciones constatadas estando en uso el acueducto con una reconstrucción parcial por iniciativa privada que costó 42 libras. En la actualidad, el acueducto de San Rafael conserva únicamente tres arcos apuntados que se asientan sobre cuatro pilares, correspondiendo a la mitad septentrional de su trazado. El entorno del acueducto también se ha ido transformando en las últimas décadas con la construcción de una pasarela peatonal en las proximidades del monumento y la adecuación de la rambla para prevenir las riadas.

Los últimos trabajos llevados a cabo en esta emblemática obra arquitectónica, que tiene la categoría de Bien de Interés Cultural, tuvieron lugar en 2014 y consistieron en el desbroce y acondicionamiento del terreno, un sondeo arqueológico, el refuerzo y cimentación del pilar que la riada había dejado al descubierto, la limpieza de todas las pintadas y la protección de la superficie con hidrofugante y antigrafiti, consiguiendo con ello reforzar el monumento para evitar su posible desplome y su limpieza ante las agresiones vandálicas.


PARA SABER MÁS:
 
“La conservación de nuestro patrimonio. Trabajos de consolidación y limpieza del acueducto de San Rafael” por Fernando E. Tendero, en la revista Festa 2015.

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