Acueducto de San Rafael
Los últimos episodios de fuertes lluvias registrados estos días
pasados nos traen a la memoria la intervención que se realizó en
2014 sobre el acueducto de San Rafael para consolidar el monumento
ante las potentes precipitaciones que lo descalzaron.
El acueducto
forma parte de una importante obra de ingeniería hidráulica del
periodo moderno y contemporáneo. Su construcción canalizaba el agua
del manantial de Santa Bárbara hasta los bancales y la villa de
Elda. Para salvar el importante desnivel de la rambla Puça, de
aproximadamente treinta metros de amplitud y ocho metros de altura,
se construyó el acueducto. En origen, éste tendría ocho arcos que
unirían los dos extremos de la rambla y para su fabricación se
utilizó la técnica de la sillería y la mampostería.
La arcada
servía para sustentar la canalización de piedra, con sección en
forma de “U”, por donde discurría el agua del manantial.
Diferentes investigaciones en las últimas décadas apuntaban a un
origen comprendido entre el siglo XIV y el siglo XVII, ya que se fue
reconstruyendo, teniendo en cuenta su técnica constructiva de arcos
ojivales o apuntados. Los estudios de Sabina Asins demuestran una
construcción en el año 1583 para abastecer a la cada vez mayor
población de la villa de Elda.
La obra fue realizada por Guillem
Pasqual de Jaca, fuster e mestre de fer molins. Además, hay
documentos que han aportado otros datos sobre las modificaciones que
experimentó la construcción para repararla o consolidarla. Así,
se sabe que entre 1616 y 1622 se realizaron unas labores de
canalización cuyo coste ascendió a 2.429 libras y que ocuparon
prácticamente la totalidad del trazado. Más tarde, en 1663, hubo
que reconstruir parte de la conducción hídrica y ello supuso un
coste de 1.600 libras.
En la centuria posterior, ya en 1783, se
produjo la última de las modificaciones constatadas estando en uso
el acueducto con una reconstrucción parcial por iniciativa privada
que costó 42 libras. En la actualidad, el acueducto de San Rafael
conserva únicamente tres arcos apuntados que se asientan sobre
cuatro pilares, correspondiendo a la mitad septentrional de su
trazado. El entorno del acueducto también se ha ido transformando en
las últimas décadas con la construcción de una pasarela peatonal
en las proximidades del monumento y la adecuación de la rambla para
prevenir las riadas.
Los últimos trabajos llevados a cabo en esta
emblemática obra arquitectónica, que tiene la categoría de Bien de
Interés Cultural, tuvieron lugar en 2014 y consistieron en el
desbroce y acondicionamiento del terreno, un sondeo arqueológico, el
refuerzo y cimentación del pilar que la riada había dejado al
descubierto, la limpieza de todas las pintadas y la protección de la
superficie con hidrofugante y antigrafiti, consiguiendo con ello
reforzar el monumento para evitar su posible desplome y su limpieza
ante las agresiones vandálicas.
PARA SABER MÁS:
“La conservación de nuestro patrimonio.
Trabajos de consolidación y limpieza del acueducto de San Rafael”
por Fernando E. Tendero, en la revista Festa 2015.







