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viernes, 18, septiembre, 2026
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El miedo es el enemigo de la lógica

El miedo es el enemigo de la lógica

El verano, justo al comienzo del segundo semestre, nos pareció un buen momento para hacer una pausa y reflexionar cierta perspectiva de oscuras incertidumbres. Parece irreal, pero cuando en la calle lo presiento, su rostro abstraído traspasa toda comprensión. Lo peor del caso es que resulta primario y provoca terror irreprimible a un pestilente brillo tenebroso.

Es casi inexplicable, comparable al que sentíamos en aquellos tiempos de la academia, cuando el educador de gimnasia nos obligaba a saltar el colosal potro, y a base de voceríos lo conseguía, y eso que por entonces nuestra estatura no alzaba un palmo del suelo. La única explicación lógica es que personifica el propio miedo. Los lectores se habrán percatado de que soy un poco blandengue, en mi defensa sólo puedo decir, que existe algún protagonista que se le da bien estremecer a los demás.

Hay quien domina el arte de acojonar a los más débiles, con un arsenal variopinto de gestos, de discursos apocalípticos, de tonalidades de voz amenazante y, particularmente, de mirada delirante que extiende el virus de la frialdad. Puedo reconocer que su otra cara dispone de adictos que dicen que es un líder con poderío mayestático. Puedo compartir cierto esfuerzo por mantener el equilibrio de las cosas, pero cuando surge su descontrol, les aseguro, que las lamentaciones son incalculables.

Y es que lo que no desea, no le preocupa que sea para el resto. Es decir, su respetabilidad, merecida o no, no es cuestionable, pero el de los demás es vapuleante. Incluso, puedo compartir que sea un ser dotado de animosidad, cuya autoestima no cabe en una docena de estadios de futbol. La revelación de que sigue en la brecha, postulándose como candidato a repetir las andadas es evidente. Y lo que consigue es provocar oleadas de pavor entre una buena parte de la concurrencia.

Por iniciativa recompone lo que nadie, absolutamente nadie, le ha pedido que haga. La cuestión es que se ha instalado en la certeza de un ego que entiende que conceptos tan básicos y humanos como la duda o el contraste de pareceres son síntomas de debilidad, y menosprecia a quien se ponga por delante. No es fácil exponer dicha quimera, sólo se me ocurre la explicación de quienes hablan mal en su ausencia, pero se postran ante su presencia y luego pasa lo que les pasa, y sin remediarlo: les da miedo, mucho miedo y la mera posibilidad de coincidir con él, les incomoda, les provoca sudores fríos y un incontable tembleque de piernas, y es que el miedo es el enemigo de la lógica.

Y como las “quijotadas” se repiten, ultimamos con Don Quijote de La Mancha: -Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes (…) nuestras propias indecisiones; (…) el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil (…) equivocarnos; la más destructiva (…) la mentira y el egoísmo; (…) el desaliento; los defectos más peligrosos (…) la soberbia y el rencor; y las sensaciones más gratas (…) la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobre todo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia…-.

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