22.1 C
Petrel
jueves, 17, septiembre, 2026
spot_img
spot_img

Tiempo de mirarnos el ombligo

Tiempo de mirarnos el ombligo

Mario Lorenzo / Sin duda alguna, la vida nos ha brindado un gran momento para, por una vez, ser egocéntricos, para recrearnos mirándonos nuestro ombligo y darnos cuenta, que, como a todo el mundo, queramos o no, también se nos llena de pelusilla, de mierdecilla que debemos quitarnos de vez en cuando y, obviamente, sin necesidad de hacer alarde de ella.

El caso es que el otro día, a punto de dormir, todavía con ánimo de echar un último vistazo al móvil (error), llegó a mis manos un artículo de opinión titulado “El otro virus: la política rastrera”. Debo confesar que, entre lo poco que he leído en estos tiempos de gratuidad retórica y viperina, la reflexión logró atraparme hasta el final, ya que su autor había sabido expresar con las palabras justas y exactas mi opinión.

En pocas palabras, ponía el acento en todos los “expertos”, “profetas”, “intelectuales”, “cerebritos”… que, en estos tiempos difíciles, se han multiplicado como las setas en las redes sociales y en los medios de comunicación, en el mejor de los casos, con predicciones al estilo Nostradamus y soluciones infalibles; y, en el peor, con un “hablar por hablar” con dardos envenenados a modo de bulos, fakes, memes o, simplemente, críticas de “cuñao”.

 Y, lo más preocupante, sin duda, que muchos de esos “eruditos” son políticos que (abro paréntesis, me da exactamente igual el color de su piel política), precisamente, deberían estar dando ejemplo de unidad, de comprensión, de apoyo y de solidaridad, en vez de dedicarse a escupir lo primero que se les pasa por la cabeza o, peor, discursos elaborados fehacientemente en un retorcido ejercicio de ¿maldad?

Políticos, expertos reales, ciudadanos de a pie o cualquier persona que se tercie, debemos ser conscientes, ahora más que nunca que contamos con el tiempo para la reflexión, que, como humanos, somos seres imperfectos, con luces, pero también con muchas sombras –como esa mierdecilla que nos aparece en el ombligo-; y precisamente esas sombras, de las que no nos libramos ninguno, deberían servirnos para, precisamente, potenciar nuestras luces: la empatía, la solidaridad, el entendimiento, la cooperación…

Si, cuando todo esto pase –que, tarde o temprano, pasará- queremos recordar este momento de alguna forma, mejor que lo hagamos por todo lo que nos unió y nos hizo tirar hacia delante, que por las balas impregnadas de “mierda” que nos lanzamos los unos a los otros.

En definitiva, permitiéndome la osadía de contradecir a San Ignacio de Loyola, “en tiempos de desolación, siempre hacer cambios”, pero siempre que sean para bien, para convertirnos en mejores personas, en una humanidad más humana.

otras noticias

siguenos en

7,754FansMe gusta
2,771SeguidoresSeguir
1,047SeguidoresSeguir
- Anuncio-spot_img
- Anuncio-spot_img
- Anuncio-spot_img

LO MÁS LEIDO