La Purísima y Petrer
Por: Mari Carmen Rico Navarro Cronista oficial de la Vila de
Petrer
El 8 de diciembre la Iglesia celebra el día de la Inmaculada
Concepción y, en esta ocasión, comentaremos los nexos de unión
entre la celebración religiosa de esta advocación con Petrer. De la
devoción a la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María,
conocida también como la Purísima Concepción, tenemos constancia
desde mediados del siglo XVII cuando en la antigua iglesia parroquial
se edificó una nueva capilla, la de la Purísima, perteneciente a
una de las familias más influyentes de Petrer, los Pérez,
concretamente fue construida por los hermanos Joan y Baltasar Pérez
y por su sobrino Bautista Pérez.
Y aunque son varios los nexos de
unión de la Purísima con Petrer en esta ocasión nos centraremos en
la imagen que había en la iglesia parroquial de San Bartolomé y que
fue adquirida, junto a la de San Antonio de Padua, a un anticuario de
Bilbao por el ingeniero petrerense D. Luis Andreu Navarro, residente
en dicha capital, con destino a esta iglesia. La anterior imagen que
había en la parroquia fue destruida durante la Guerra Civil
El
presbítero Conrado Poveda bendijo las dos imágenes, el 13 de
diciembre de 1939, y fueron trasladadas procesionalmente desde la
casa de los padres de Luis, Antonio Andreu Cabedo (1860-1942), Tonet
el de la tenda que fue el último alcalde de la monarquía
(1928-1931) y comerciante de tejidos, y su esposa Luisa Navarro Juan,
oriunda de Elda, que tenían su domicilio en la calle Miguel Amat nº
2.
Desde allí se trasladaron hasta la parroquia de San Bartolomé,
después de bendecirlas en dicho domicilio, portándose en brazos por
no tener andas. Tras la adquisición por parte de la parroquia de San
Bartolomé de una nueva imagen de la Inmaculada de mayores
dimensiones que la primitiva, ésta se devolvió a Maravillas Andreu
Navarro (1906-1983), hermana de Luis, volviendo a la calle Miguel
Amat, y heredándola posteriormente su hijo José Luis Torres Andreu
que la tenía en una casa propiedad de la familia en la calle La
Huerta.
Tras la construcción de la iglesia de la Santa Cruz, José
Luis la donó a la parroquia siendo sacerdote Antonio Cabrera
(1965-1969), donde se venera actualmente. La imagen de la Virgen se
colocó en el altar. Fue el sacerdote Ricardo Navarro (1969-1975) el
que le concedió la advocación de Nuestra Señora de la Serenidad,
le pintó el manto de azul y le compuso una oración. Posteriormente
se fabricó una peana para poder sacar a la Virgen en procesión por
las calles del barrio.
Esta imagen de la Inmaculada Concepción
destaca entre las que alberga este templo por su singularidad y se le
tiene una devoción especial. En el año 2003 fue restaurada gracias
las subvenciones que se concedieron con motivo de la exposición “La
luz de las imágenes” que rescató del olvido numerosas piezas
religiosas de la Comunidad Valenciana, aunque no se expuso.
Durante
el proceso de restauración, al eliminar la capa de pintura
superficial de los años 60, se recuperó la policromía original y
se descubrió que la imagen era mucho más antigua de lo que se
pensaba, de estilo barroco, posiblemente del siglo XVII y
perteneciente a la escuela andaluza. La Inmaculada tiene una
extraordinaria calidad técnica y casi con toda seguridad es una de
las esculturas más antiguas de Petrer.
Con la restauración se
recuperaron los claveles rojos del traje que simbolizan la expresión
de sentimientos como el aprecio, el cariño y el amor de la madre
hacia todos sus hijos, además de representar en la iconografía
clásica la encarnación. Durante el sacerdocio de Guillermo Giner
Mataix (2001-2008) fue cuando tuvo lugar esta restauración y en este
proceso se descubrió un hueco en el interior de la nube que sostiene
a la Virgen que había sido tapado con masilla mucho tiempo atrás.
En el interior se hallaron varios fragmentos de un periódico de
tirada nacional del 16 de febrero de 1853, que indicaban la rotura y
posterior reparación casera de la nube. Hemos querido recuperar la
historia de esta imagen, pero como hemos apuntado la relación de la
Purísima con Petrer es mucho más amplia. La procesión que se
celebraban con motivo de su festividad, las Hijas de María que la
tenían por patrona, así como la ermita de Catí dedicada al culto
mariano bajo la advocación de la Purísima Concepción serán objeto
de próximas crónicas. Por cierto, felicidades a todas las
Inmaculadas y Conchas.