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viernes, 3, diciembre, 2021
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La luna se asoma por detrás del Cid

La luna se asoma por detrás del Cid

Sin apenas tiempo para hacerme a la idea, se fue un amigo de los que dan sentido a la vida. Nuestra amistad gozaba de comedida complicidad, forjada en la infancia, en ocasiones, veía la vida a través de su transparencia. Un rasgo característico, era su fino sentido del humor.

Transmitía confianza y su dinámica personalidad no ponía barreras de ningún tipo. Solía mostrarme sus cuadernos, me sorprendía gratamente cómo sabia sacarle partido a su refinada inspiración cuando asentaba a la luz de la luna. Lo escuchaba con atención ya que hay personas destinadas a entenderse. De él aprendí el virtuoso significado del sentido de la “poesía”.

Precisamente, por esos motivos, la imprevista noticia contribuye a una sensación agridulce. Nunca se lo dije, pero la mayor incertidumbre era cada viernes, cuando nos despedíamos, no sabía si lo volvería ver a la semana siguiente. Sin embargo, cuando veía que superaba los vaivenes de la salud, sin apenas quejarse, una parte de mi corazón disimulaba, creyéndome que era inmortal y que seguiríamos con nuestra alianza. Han sido admirables las lealtades compartidas.

Dejo pasar las lágrimas y la tristeza, me quedo con los sueños, las risas y el respeto que sentíamos. Y es el poeta quien ofrece las cualidades de una deferencia: Puedo estar distante pero jamás ausente. Puedo no comunicarme pero nunca extrañarte. Y cuando me necesitaste, puedo no estar lindante, pero en absoluto olvidarte. Una de las mejores virtudes meditadas, ha sido apreciar la vida en equilibrio por tan animosas convicciones. Solo faltó un pequeño detalle, no me enseñó a vivir sin su considerada sensatez.

Me queda un consuelo, que da fuerza para seguir, soy consciente que seguirá en mi memoria. Sabía que algún día se marcharía, aunque ha sido más pronto de lo deseado, por lo que aun recuerdo sus incipientes recordatorios: -Vicent, quan camines per la vida, procura que te pese un muscle igual que l´altre-. Su mirada era profusa, el corazón dictaba emociones y adivinaba donde otros tenemos que deducir. Recuerdo el último tramo del sendero, bajo una hermosa luna, andábamos por la verde enramada, el pinar dulcificaba las iniciaciones estivales.

Caminaba con cierto esfuerzo, lo que hizo comprender que su postrera energía se le podría ir la vida… Y es que el ciclo concluye en el noveno mes del año. A primeros de septiembre, los días se acortan, el sol luce su color amarillo-anaranjado del atardecer y las sombras se alargan al ocaso, es entonces cuando la arboleda empieza a deshojarse. Pues el enigma de la entredicha frase de los hombros eclosionaba por si sola: -No te tòrçes mai, no t´inclines mai, camina recte sempre amb responsabilitat-.

Aun a riesgo de desvelar algunos breves e íntimos recuerdos, que por su discreta discreción, seguro que no hubiera revelado jamás. Ahora sé que apostaste por mí, cuando pusiste delante de mis ojos tu concebida existencia. Ahora sé que no se debe olvidar el pasado, que la memoria es importantísima, que la malicia es una realidad, pero también sabemos que existe el sentido común. Cuando la luna se asoma por detrás de la silueta del Cid, fiel compañera de tantas inspiraciones compartidas, en esa ocasión, ella con su color plateado también desea saludarte.

Y de la mano, de una poetisa que apreciabas, Nacarid Portal Arráez (Caracas, Venezuela, 1991), te lo expresamos:
De todas mis breves historias
ésta es la única que tiene sabor a eternidad
incluso después de haberse acabado.    

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