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lunes, 17, enero, 2022

El Poblet: sus orígenes

El Poblet: sus orígenes

El Poblet es ahora un oasis de vegetación en medio de un gran secarral en la partida petrerense de Les Pedreres. Allí donde las piedras estaban presentes en cada uno de los bancales de secano y también dieron fama a unas importantes canteras de piedra cuya “materia prima” viajó a los más dispares puntos de le península.

También fue un “oasis” para el gobierno republicano que vivió y resistió allí sus últimos días de la Guerra Civil auspiciada por el dictador Francisco Franco. Solamente hace falta observar las fotos del lugar para comprender y alabar el gran trabajo –y gran inversión- que llevaron a cabo sus propietarios. La zona fue una partida rural de secano porque no existe ningún nacimiento de agua cercano.

El río Vinalopó discurre relativamente cerca pero sus aguas son salobres y no aptas para el riego. El único líquido de regadío que llegaba a la zona bastante mermado por culpa de las caducas conducciones era el del nacimiento de Caprala situado a varios kilómetros. Sin embargo, con esa agua comenzó su transformación: de erial a oasis.

 Hipólito Navarro Villaplana que ejerció altruistamente de Cronista Oficial de la Villa durante muchos años realizó un gran trabajo de investigación sobre esta zona del territorio petrerense incluso antes de que estuviera en el “punto de mira” de los medios de comunicación por ser la última “capital” de la República española. Esa que nunca fue reconocida durante décadas y que los historiadores oficiales siempre atribuyeron a la vecina población de Elda hasta que – precisamente- un eldense, el historiador Valero Escandell lo puso en el mapa e hizo justicia.

A principios del siglo XIX –hace más de doscientos años- se levantó la primera casa en la zona, cuando la carretera que “llevaba” a Madrid o Alicante era casi un camino plagado de curvas y de un firme deplorable. Eran tierras de secano pero fértiles. Allí levantó la primera casa Jaime Tortosa, bisabuelo de Matías Bernabé Tortosa y “retatarabuelo” de una conocida familia petrerense.

Después se edificaron otras casas y de ahí su nombre: el Poblet. En aquella época era habitual que las viviendas y otros servicios ligados a la agricultura del extrarradio de la población se centraran en puntos determinados de cada partida rural. Es el caso de Caprala, el Palomaret, Salinetes, Catí, l´Alamadrava, Puça o Rabossa, por poner solamente algunos ejemplos.

Concretamente, en el Poblet se llegaron a construir hasta nueve casas distintas con sus correspondientes servicios de eras, cambras, lugares para guardar la leña y, por supuesto, los servicios propios de una casa rural. Jaime Tortosa antes de morir vendió una parte de la finca a Vicente Amat y a su hermana Dolores Amat que estaba casada con el Abogado y miembro de la audiencia Joaquín Izquierdo, quienes gracias a su poder adquisitivo compraron buena parte de la finca y levantaron una gran mansión de recreo que en su mayor parte todavía se conserva, así como también un gran jardín que diseñaron ambos en el que se incluían muchas áreas de esparcimiento, zonas con agua e incluso espacios “de contemplación” montados sobre los árboles.

“El Poblet” es, sin lugar a dudas, el espacio recreativo más lujoso y “aparente” de cuantos existen en el conjunto del término municipal potrerense y de los pueblos cercanos. Un lugar muy especial y con mucha historia. Vicente Amat fue un hombre muy emprendedor que montó una empresa eléctrica en la cercana población de Sax. No le fue bien, se arruinó y no tuvo más remedio que vender su finca.

El comprador – Plácido Gras- un alicantino que a lo largo de los años quiso mantener su anonimato sobre esta propiedad que poco a poco fue engrosando su superficie gracias a la adquisición del resto de las casas y tierras que conformaban el primitivo “Poblet”. Plácido y, posteriormente, sus dos hijos siempre guardaron su intimidad. Nunca permitieron la visita de gentes del pueblo y, por supuesto, de periodistas o personas vinculadas al mundo de la comunicación.

A principios de los años ochenta, cuando El Carrer en sus inicios quiso realizar un reportaje sobre la finca se nos negó la entrada a la casona y la visita a los jardines. Eso sí con muy buenos modos y mucha educación. A lo largo de los años se ha especulado mucho sobre esta zona tan peculiar del término potrerense. Incluso se llegó a asegurar que en el garaje situado en una especie de semisótano todavía se conservaban tres magníficos automóviles importados de Alemania en la década de los años veinte del pasado siglo.

El “secretismo” de “el Poblet” lleva aparejado a muchas especulaciones y leyendas. Abrir sus puertas a la ciudadanía sigue siendo una asignatura pendiente que, desgraciadamente, lleva ya demasiados años esperando.
     
INSPECTORES DEL CATASTRO
 Era tal el mutismo que durante muchos años ha “envuelto” al Poblet que las gentes del pueblo no sabían de su existencia. Fue hospital infantil en los primeros años de la Guerra Civil. Finca particular e “inexculpable”. También plagada de demasiadas leyendas y de historias muchas veces inverosímiles y plagadas de fantasías.

Recuerdo que la última – y más gratificante- vez que estuve en El Poblet fue a mediados de los años noventa. Una compañera de Radio Petrer y yo nos hicimos pasar por inspectores del catastro y pudimos recorrer prácticamente toda la finca exterior de la gran casona. Debo confesar que con la gran vivienda no nos atrevimos. El resto de las instalaciones fueron impactantes. Es una lástima que no se puedan visitar.

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